Bohemia en la Riviera Maya

Un coctel estrambótico que combina el hermoso verde turquesa del Mar Caribe, con la selva y las zonas arqueológicas. Un ambiente cosmopolita en el que la diversidad se respira encima del suelo maya. Así es la Riviera. Entre Cancún y Tulum… busca el lado bohemio y prueba un bocado de lo inolvidable; recupera lo esencial durante una escapada a uno de los destinos mexicanos más efervescentes del momento.

Este célebre espacio turístico parece construido con granitos de arena de viajeros de todos los sitios, levantando así los hoteles, cabañitas, restaurantes, bares o tiendas de sus sueños. Ellos y la historia que envuelve este lugar hacen de un viaje por la Riviera Maya una experiencia entrañable.

No todos pueden respirar diariamente aire puro, ni sentir la piel libre mostrándose al sol. Así, desde la salida del aeropuerto de Cancún, el tiempo avanza más lento: ¡Ya estamos de vacaciones! Llegando a nuestro destino, personal de turismo nos entregará una bolsa con mapas que nos facilitarán el viaje. Lo más recomendable es rentar un auto o jeep porque, aun cuando toda la Riviera Maya se recorre en dos horas, se aprovecha mejor el tiempo si no dependes de los taxis. No en todos los lugares se consiguen fácilmente y quizá se gaste más en ellos que en la renta de un vehículo.

Cabañas en Tulum: la bohemia tropical
Las opciones de hospedaje en la Riviera Maya son tan variadas como los estilos de sus visitantes. Pero pocos lugares del mundo se prestan tanto para vivir una experiencia “bohemia-tropical” como Tulum. Aquí encontrarás cabañas, cada una con personalidad y encanto propio. Situadas en la Carretera Tulum-Boca Paila, en el kilómetro 5 están las Cabañas Copal y Asulik, las más “étnicas, silvestres y místicas” de la zona. Enclavadas en plena selva, encajan perfectamente con el entorno natural. Hechas de troncos y techos de paja, con camas cubiertas por gasas blancas… todo nos remite a la armonía. Es un lugar perfecto para desintoxicar los sentidos de cualquier referencia urbana. Las suites con vista al mar tienen un pequeño muelle propio que termina en una alberca para dos personas. Adentro todo es sencillez, con una mezcla de elementos indígenas mayas e hindúes. Los mayores atractivos son su spa holístico y su atmósfera silvestre. Si lo que quieres es empezar con un programa intensivo de relajación, estás en el lugar indicado. Encontrarás desde baños de temascal, yoga kundalini y hatha, reiki, cámara de flotación, masajes y “limpias” mayas y sueños guiados… hasta tours místicos y ceremonias de bodas cósmicas.

Muy cerca de ahí se localizan las cabañas La Conchita. Parecen salidas de un cuento. Pequeñas, lindas, se nota que la sencillez no es un accidente sino el rasgo más importante de su elegancia. Este “Bed & Breakfast” es romántico e íntimo. Hay ocho cabañas, con una o dos recámaras, y no es extraño ver hermosas iguanas –éstos son los animales típicos de toda la región– caminando despreocupadamente por el jardín de La conchita. Un poco más adelante, sobre la misma carretera, encontrarás Zamas, un conjunto de cabañitas estilo naïve mexicano, donde recibirás atención de primer nivel, además de que gozarás de un ambiente muy alegre y colorido. En su restaurante “¡Qué fresco!” prueba, como entrada, las gambas Pil Pil –tres camarones grandes con vino blanco, ajo y chile seco triturado– o los tacos maya, de pescado y camarones en axiote con guacamole. Como plato fuerte, te recomiendo la langosta y, para el calor, un coctel de coco, especialidad de la casa.

Pa’l bohemio expedicionario
Quintana Roo posee valiosa evidencia arquitectónica de los mayas post-clásicos. Tulum es uno de los destinos arqueológicos más visitados de la zona; su belleza es impactante. Las ruinas se encuentran frente al mar, en la parte más alta de la costa oriental, por lo que tiene una vista espectacular de los amaneceres. De ahí que en el siglo XVI se refirieran a este sitio como “Zamá”, palabra maya que significa “mañana” o “amanecer”. Este sitio fue un importante asentamiento maya prehispánico y es interesante conocer las construcciones y los murales que revelan datos apasionantes sobre cultos y creencias mayas.

Cobá está a 30 minutos hacia el noroeste de Tulum. Las ruinas se encuentran entre dos lagos, justo en medio de la selva. En uno de estos lagos hay un caminito de troncos para ver, por tan sólo cinco pesos, a los cocodrilos de la zona. El niño que me guió, dijo que hay 14 cocodrilos, todos con nombre y todos reconocibles a sus ojos. Lo vi colocar, en la punta de una vara, pollo crudo: esta “brochetita” es suficiente para que alguno de los 14 salga a comer. Muy serio, me confesó que, además de pollo, estos comensales incluyen en su menú a los turistas. Independientemente del humor negro de mi guía, hay que tomar muy en serio ese lago y no acercarse demasiado. Uno de los lugareños comentó que hay cocodrilos, de hasta cuatro metros de largo, que suelen esconderse bajo la hierba de las orillas.

Cobá llegó a ser una de las ciudades mayas más importantes y poderosas en el siglo VII d.C. pero, para el s. XVI, cuando llegaron los españoles, ya estaba deshabitada. La visita a la zona arqueológica comprende conocer sus templos, el sitio en el que realizaban los juegos de pelota y los lugares habitacionales y de gobierno; es un recorrido muy extenso, así que se recomienda ir con zapatos cómodos. Para visitar el grupo de construcciones de Nohoch Mul, Xaibé y Macanxoc, uno puede rentar bicicletas o bici-taxis que facilitarán el recorrido.

Toca fondo: la belleza es esencial
¿Cómo se imaginarían los mayas el Paraíso? ¿Sabrían que, debajo de su mar transparente, de las grutas y cenotes, hay un universo silencioso y colorido? Los lugares para practicar buceo en la Riviera Maya están considerados como los más bellos del mundo. Hay excursiones para bajar en mar abierto, ríos subterráneos, cavernas y cenotes –que son depósitos de agua de manantial, uno de los secretos más bellos de la naturaleza, exclusivos de la península yucateca–. Cenote viene de la palabra maya tz´onot, que significa pozo o abismo. Existe una gran oferta de agencias con las cuales podrás practicar el buceo, con opciones tanto para principiantes como para expertos. La experiencia en los cenotes es inenarrable; los paisajes íntimos bajo el agua y la forma en la que el “abismo” se llena de luz son impresiones estéticas imborrables y, afortunadamente, es una opción segura y sencilla para los buzos aficionados.

No te pierdas el atardecer en La Buena Vida, un bar bastante original en Akumal, donde probarás excéntricas combinaciones etílicas. Las especialidades de la casa son el coctel “Buena vida”, preparado con Bailey´s, Kahlúa, ron, crema de coco y Grand Marnier 50, y el “Viagra”, una bebida de muy buen ver hecha con gin, vodka, blue curaçao, y limonada.

Entre Akumal y Xel-Ha se encuentra Aktun Chen, un parque natural, no tan conocido, que vale la pena visitar. El lema aquí dice: “Donde la naturaleza revela su edad…”; los guías afirman que la edad de las estalactitas y estalagmitas en este sitio tienen 5 millones de años. El recorrido de 600 metros por las cuevas es bastante ameno y la meta es un precioso cenote con agua cristalina de 12 metros de profundidad y una bóveda con cientos de estalactitas. En el parque natural podrás observar animales silvestres –algunos caminando como si nada por ahí–, como el venado cola blanca, monos araña bebés, tejones, jabalíes, pavo de monte, iguanas y algunos pájaros propios de la selva tropical.

Del Chic-bohemio al naturista-lounge
Si tienes la suerte de estar varios días en la península yucateca, te recomendamos que apartes unos para quedarte en Playa del Carmen. Aquí todo es chic-bohemio. El escaparate está por doquier: en las tiendas, las calles, los restaurantes y los bares; simplemente se tiene que ver todo y a todos. Hay tal cantidad de estilos y propuestas que resulta muy divertido hacer compras en estos lares. Por ejemplo, se encuentran por igual tiendas de marcas conocidas que una con diseños exóticos de la India, otra con creaciones de diseñadores jóvenes mexicanos, otra con los bikinis más… originales. Buscando con calma, podrás encontrar sorpresas para todos los gustos, y no hablo solo de ropa; lo mismo pasa con tipos de comida, lámparas, accesorios para casa, artesanías y joyería.

Para seguir en el ánimo rústico, puedes hospedarte en el Hotel Lunata, La Tortuga o en el Kinbé. Todos están en el corazón de Playa del Carmen, cerca de los mejores restaurantes y bares. Para comer, puedes hacer una excursión hasta el Alux, que es un restaurante de comida internacional situado en unas cavernas. Vale la pena. Ojalá tengas energía, porque la noche es muy larga en Playa.

Después ve a cenar a la Casa del Agua, un restaurante de comida alemana, con ambiente romántico provocado por la íntima luz de las velas. Se encuentra sobre la Quinta Avenida, esquina con la Calle 2. Después una caminata por la Quinta, viendo tiendas y artesanías, hay que parar en el Bar Fridas. Ahí se siente un ambiente mexicano-alternativo con el tipo de obras que adoran los europeos: imágenes de Frida, del sub-comandante Marcos y de Emiliano Zapata, todos en tamaño mural. Si, después de todo, sigue en pie el ánimo de “marcha”, tendrás que ir a la Calle 12 donde se ubican los mejores centros nocturnos de Playa del Carmen.